martes, 7 de febrero de 2017

Este año....

"Este año te deseo...

Que no sientas sufrimiento, pero si el sufrimiento se hace presente, te deseo que aprendas la sabiduría que siempre nos comparte este gran maestro.

Que el camino sea llano y tranquilo, pero si hay baches, si se torna sinuoso, si el trayecto se vuelve empinado y difícil de transitar, entonces te deseo que aprendas a ponerte de pie y continuar andando, sin importar lo difíci
...l que se vuelva.

Que siempre esté a tu lado la gente querida, más si a alguno debe decir adios, te deseo que entiendas que el amor no muere ni desaparece nunca jamás del corazón.

Que no te equivoques, más si la confusión llega, si todo se ve oscuro, y tomas malas decisiones, te deseo que no bajes nunca los brazos... que puedas deshacerlo todo y volver a empezar, esta vez con la enseñaza que te ha dejado lo aprendido.

Que no caigas en la rutina, pero si eso a veces pasa, te deseo que cada tanto puedas bailar al viento, viajar despacio, jugar con un niño, cantar bien alto. Oler las flores, mirar los ojos, abrazar sin tiempo, perseguir un sueño, amar sin cambio.

Que este año no llores, no duela, no caigas, no temas... más si las lagrimas se escapan, el dolor asoma, la sonrisa se apaga, la desesperanza inunda... entonces, si todo eso sucede, te deseo que sepas que siempre estaré contigo".

Daiana Odaia Slipak



Aprender

"Todo esto lo aprendí del sufrimiento:

Aprendí a aceptar que no siempre puedo. A entender mis propias limitaciones con humildad. A cuidarme, a no exponerme ante situaciones y personas que no merecen mi tiempo y afecto.

Aprendí a pedir ayuda, a entender que fuerte no es quien no necesita de nadie sino quien puede hacerse cargo de lo que le pasa.
...

Aprendí que a veces duele mucho el alma. Tanto que la vida pareciese acabar. Que la razón no siempre calma el corazón ni seca las lágrimas...

Aprendí que puedo llorar mucho, que noches enteras lamentando lo sucedido no cambian el final. Pero sí puede cambiarlo mi actitud ante la vida.

Aprendí a perdonar. Ví que el odio dañaba más a mi corazón que a ningún otro. Entendí que cada cual lucha su propia batalla y es prisionero de sus propios defectos. Y desde entonces dejé de querer cambiar afuera para cambiar adentro.

Aprendí a apreciar la felicidad en los momentos de dicha. A entender que el calorcito del sol se siente más bello luego de varios días de tormenta...

Aprendí a ser más comprensivo, a abrir más mi corazón ante el dolor del prójimo. A saber que nada cura más que un abrazo y una caricia. Que las palabras no siempre son necesarias, pero para salir adelante siempre se necesita del amor y los abrazos de nuestros seres queridos.

Aprendí que la gente que me quiere es la que está ahí, a mi lado, cuando lloro mis lágrimas. Que miles eran en momentos de subida, pero pocos quedan si se trata de bajadas.

Aprendí que existe Dios, y que allí donde parecían ya no quedarme fuerzas es cuando más cerca lo sentia. Aprendí a entregarme a Él y confiar en Su plan, aún cuando no puedo entenderlo.

Aprendí que nadie puede atravesar por mí lo que me toca. Que nadie va a entender mi propio dolor ni a luchar mi propia batalla.

Aprendí que es inevitable, que crecer es asumir riesgos. Que las abejas producen miel y las rosas tienen espinas.

Aprendí que si miro al pasado, en su mayoría, doy las gracias por las cosas que he vivido. Que muchas de esas lágrimas hoy son risas. Que alejar a cierta gente fue un regalo. Que perder ciertos espacios hizo que hallase otros mejores.
Y que no importa qué tan oscuro parezca todo alrededor...
... siempre se puede volver a empezar"

Daiana Odaia Slipak




No esperes...

"No esperes a que sea tarde.
No lamentes no haber dicho,
no haber hecho,
no haber estado.
Todo sucede con prisa.
...
Pronto será memoria.
Tu cabello se teñirá de blanco.
Tenlo siempre presente.
El tiempo no durará...

El reloj es la trampa.
La trampa del después veremos.
La trampa de creer que el juego sigue.
Que el siempre nunca va a acabar.
No es cierto. Apura el paso.
Vive más intensamente.
Tenlo siempre presente.
El tiempo no durará...

Los miedos no detienen la muerte, detienen la vida.
La riqueza no está en el dinero, está en un abrazo.
El ejemplo no lo otorga la palabra, lo crea la conducta.
El valor no te lo da lo que tienes, lo muestra quién sos.

No importa la inmortalidad, sino llegar a lo eterno.
La vida no se trata de latidos, sino de trascendencia.
La prisión no son las rejas, sino la ignorancia.
La belleza no está en los gramos, sino en la sonrisa.

Todos morimos dos veces.
El último suspiró y el último recuerdo.
Siembra con flores tu vida.
Alimenta con luz tu alma.
Brinda amor a la gente.
Pisa firme y fuerte.
Y tenlo siempre presente.
El tiempo no durará..."
Daiana Odaia Slipak



miércoles, 28 de diciembre de 2016

No te sientas triste....

"​No te sientas triste...
​Es cierto, a veces el sol se esconde. Y la lluvia nos derriba. Nos rompe. Nos lastima...
​Poco a poco el viento se lleva las nubes.​
​Y el día menos esperado ​descubrimos que gracias a la tormenta aprendimos a apreciar los colores del arcoíris.
Y aunque ​a veces ​el miedo inunda. Y aunque la tristeza pareciera no tener fin... allá, tras la noche oscura, donde nada se ve
..., donde todo nos desorienta, ​así también, vuelve a asomar el sol.
​No te dejes engañar. La vida no se trata de conquistar afuera, sino de conquistar adentro.​
Y existe la pena, es cierto. Pero también existe la alegría.
Y los abrazos.
Y el amor.
Y la esperanza.
​No pienses que el dolor nunca se irá...
¿Dónde estabas hace 100 años?
¿A dónde irás?
Tranquilo.
No sufras por aquello que no puedes cambiar.
Cree en el plan de Dios. Él te trajo, y Él te llevará.
Respira. Sonríe. Disfruta del milagro de estar.
También esto pasará...
No te vuelvas un hombre de poder... vuélvete un hombre de valor.
Y sobre todo, aprende a amar...​
Pronto el juego terminará..."
Daiana Odaia Slipak




Carta a un hijo

"CARTA A UN HIJO.

Siempre creí que yo iría a darte vida, pero al tenerte en mis brazos comprendí que vos me diste la vida a mí. Te amé antes de conocerte, te amé en eterno y en infinito.
Tantas veces creí que mis fuerzas terminaban, que ya no podría seguir adelante... pero entonces me daba cuenta que mi fuerza siempre se recobraba al ver que mi caída podría dañarte.
Quizá no siempre tuve la for
...taleza suficiente, ni la seguridad, pero saber que me necesitabas hacía que nunca dejase de luchar por tu felicidad.
Pasé años y años estudiando y aprendiendo pero la primera vez que te tuve en mis brazos entendí todo lo que no me enseñaron en la universidad... y todo lo que no podrá enseñarme ningún maestro; entendí el significado de la vida, ese maravilloso acto tan simple de vivir, que no puede explicarse en ningún libro.
Con vos aprendí que el dolor que más duele no es el que está en mi cuerpo, sino en el tuyo... y que tu sufrimiento provoca más lágrimas y pena que todas mis tristezas juntas. Aprendí a pluralizar el pensamiento y desde ahí no estuve nunca más sola. Ya no pienso en uno... ahora siempre somos dos. Ahora tengo un corazón también fuera de mi cuerpo.
Conocí el amor al infinito... el verdadero amar a alguien más que a uno mismo... la verdadera incondicionalidad, y la paz en una mirada.
Te veo, hijito, y es tan familarmente raro. La rareza de ver mis rasgos en otro rostro que no soy yo. Ajeno, algo mío, de quienes amo y tuyo a la vez.
¿Qué acción más divina y llena de milagros puede haber que supere a la de dar a luz? ¿Quién puede decir "esto es fruto de mis actos" y excluir a Dios en la ecuación de crear una nueva personita?
La eternidad ¿dónde se halla la eternidad si no es al abrazarte por primera vez?
Tenerte es lo más extraño del mundo... significa traer a la vida a alguien. A alguien que saldrá de mí, a alguien que no me pertenecerá, pero a quién yo le perteneceré para siempre..."
Daiana Odaia Slipak



Violencia

"Él la golpeaba.
Bueno.
Quizá no usaba las manos.
Pero pegaba duro con los ojos, pateaba fuerte con las palabras y ahorcaba con el desprecio y la indiferencia hasta dejarla sin respiración.
Parecía que disfrutaba el verla perdida, dependiente, triste... apagada, casi sin vida.
...
A veces ella pensaba... Pensaba que quizás hubiera preferido una paliza antes que una sola de esas miradas heladas llenas de desdén. Al menos (se decía a sí misma), las palizas son claras. Las palizas muestran odio. Las palizas se denuncian. Pero.... ¿una mirada? ¿Cómo explicar? ¿Quién puede describir el dolor que se siente cuando una de esas palabras te hielan hasta los huesos?
Todos hablan de violencia.
Y lo cierto es que no es nada nuevo.
Pero, estos días, comienzan a nombrarla más, a hacerla más visible... y el panorama es más esperanzador.
Animan a las víctimas a hablar, a escapar, a entender... a saber que no son las únicas, a saber que no son débiles...
Acoso moral. Psicopatía. Perversiones. Abuso psicológico...
Cuando se piensa la violencia se la imagina en rostros desfigurados, en asesinos bajo locura, en amenazas y golpizas... pero, existe una violencia mucho más sútil, que poco a poco va sometiendo a la persona hasta apagar su vida. Y se disfraza de normalidad, conviviendo mezclada entre nosotros.
Y si bien esta violencia, en su mayoría, no deja rastros en el cuerpo, ella destruye el alma hasta dejarla hecha millones de pedazos y pedacitos.
Como la de ella.
Ella que no comprende y justifica.
Él la rompía. Una y otra vez, la rompía. Sin ningún tipo de pudor, sin ningún tipo de piedad.
Ahí empezaban las preguntas. Y ella se preguntaba "¿qué hice mal?"
Algún motivo debía haber.
Él, que era brillante, comprensivo, caballero, seductor, educado, encantador -ante los ojos de los demás-, algún motivo debía tener...
"El problema debo ser yo", se decía.
Pero no.
Mentira.
Ella no tenía ningún problema. O sí lo tenía; estaba llena de felicidad y de amor. De alegría, de ganas de dar. Y él la admiraba. Tanto que decidió destruirla... Esa era su enfermedad. Como a él lo destruyeron en su vida, él destruía a quienes amaba... No sabía otra forma de ser.
Y ella no entendía. Su cabeza negaba. Tanta brutalidad no entraba en su mente... tanto sadismo. Tanta frialdad...
Él se disculpaba. Decía aquello que ella quería escuchar. Prometía que iría a cambiar. Y luego volvía a lastimarla. Y cada vez el golpe era mayor. Y las fuerzas disminuían.
Ella cada vez se sentía más pequeña, más aislada, más sola e incapaz de escapar.
Trataba de ser más amorosa... "Es su infancia difícil, es tanto dolor, los abusos de cuando era chico... No sabe... no puede...", justificaba. El amor sana. El amor sana, se repetía. Lloraba y gritaba ¡El amor sana! Pero no. No servía. El amor no sana cualquier cosa. A veces, el amor intensifica la violencia. El amor no sana la locura..."
Daiana Odaia Slipak.

Decíle NO a la violencia de género. Denunciala. Llamá gratuitamente al 144.
#niunamenos

Cargando pìedras

"A Sísifo lo condenaron a un tremendo castigo...
Tenía que subir todos los días una enorme piedra por una montaña. Cuando terminaba semejante esfuerzo, debía soltarla y la misma volvía a rodar hacia abajo.
Sísifo aparece en la mitología griega... pero más aparece en nuestras vidas.
Todos los días salimos de nuestras casas y empezamos a cargar enormes piedras cuesta arriba. Piedras que justificam
...os sostener para vivir. Trabajamos para vivir.... gastamos ese dinero en pequeños placeres y volvemos a hacer rodar la piedra hacia abajo. Si lo pensamos en la vida de Sísifo, entendemos la amargura que debe sentir el trabajo desperdiciado... la vida desperdiciada.
Acaso podemos notar lo mismo en nuestro día a día?
Acaso no nos vamos a dormir cada noche con la sensación de no haber sido felices?
Cuando miramos dentro nuestro, no hallamos tristeza por creer que nuestra vida no tiene el sentido que querríamos?
El problema es que no necesitamos placer, necesitamos sentido. Es el sentido lo que nos hace reponernos de todo sufrimiento. Es el sentido lo que nos hace sacar fuerzas, allí donde creemos no poder más. Es el sentido lo que nos lleva a superarnos a nosotros mismos, a luchar, a seguir adelante, pese a las adversidades... A levantar piedras pesadas, a caminar enormes montañas, a soportar subidas y bajadas...
Es el sentido lo que hace que al final del día nos acostemos con el corazón lleno de felicidad, amor y esperanza.
Sin encontrar sentidos, la vida misma nos conduce a la depresión, a la tristeza, a la amargura. Tener objetivos en la vida ayuda a atravesar el sufrimiento. Porque incluso la pena más dura es liviana de soportar si le encontramos un motivo. Acaso no es el parto un momento maravilloso? Es la nueva vida por llegar la que llena de luz a esa madre y le da la fuerza para atravesar el dolor...
Es momento de replantearnos qué piedras queremos cargar, qué piedras estamos dispuestos a sostener... qué piedras nos hacen mejores personas, nos acercan a Dios, y qué piedras hacen de este un mundo mejor..."
Daiana Odaia Slipak




Dolor

La única forma de sanar el dolor es entendiendo que él vino a tu vida a traerte un aprendizaje. En el preciso instante en el que logramos en...